La calle de la Verdad
me lleva a la muerte de mi infancia,
un cávaver femenino,
enterrado en el número sesenta y nueve
del patio de la potería
de la Real Sacramental.
Cuando te lloro, me lloro a mí.
Así soy de egoísta,
pero es que jamás llegué a
vivir
mi vida sin sufrir,
a causa de ti,
que me diste la vida
y me diste el sufrimiento,
y en tu ausencia
me diste a soñar esa presencia
que nunca abandona, amor,
eco de eternidad
recuerdos sin pasado
felicidad presente
pasión emergente
asalto de besos
rodeados de abrazos
con nuestras cinturas por banderas
que por la habitación se despliegan
sin ninguna prenda
totalmente entregado
a un contrato sin enmienda
que sello con el calor
que de ti me llega.
A tu vera, corazón,
caminaré por esta tierra,
porque sobre ti, dea de amor,
mi cuerpo se cierra
y no necesita abrirse.