Nada se pierde.Todo queda… en el olvido. Me paseo por el mar del polvo de los muertos de hace seiscientos años, les tengo respeto pero no puedo evitar estornudar y apartarlos de mi frente. Estoy tan cansado.
Fuera todo parece normal, por las calles circulan miles de coches reclamando más tiempo para llegar a sus destinos. Todos quieren la eternidad, pero nadie piensa que con la eternidad dejaríamos todo para mañana. Es tan cómodo no hacer nada.
Sigo caminando nostálgico y sentimental bajo el cielo encapotado de Madrid, aislado del mundo escuchando lamentos, guitarras y sitares ¡es tan bella la tristeza! y es que hasta la tristeza tiene su lado positivo. Ella me abre a un mundo de sentimientos y palabras inefables e imposibles para cualquier otro ser humano ¡es tan difícil ser yo mismo! tan sólo puedo serlo yo y eso me hace misterioso e incomprensible. De repente lloro y no sé porqué. No me importa. Muchas veces río y tampoco lo sé. Me he acostumbrado tanto a la ignorancia que ya no me importan tanto la verdad y el conocimiento, sino la ilusión y sus mentiras. No sé si he hecho algo malo o realmente nada importa, ni siquiera que escriba aquí o allí. No lo sé, tan sólo sé que mañana volveré a despertarme con la misma inquietud, con la misma sensación de vacío que me produce saber que tú no estás, ni hay nadie más y que sólo tengo a mi sombra por compañera y ella se va cuando la noche llega.
Me acompaña la poesía en mi mirada, en mis pasos… todo esto va a pasar, todo sucederá como nunca imaginé ¡yo que todo trato de imaginarlo! luego la realidad supera a la ficción y tengo que soñar nuevas historias, nuevas ilusiones, nuevos amores. Cada vez que lo pienso se me quiebran el corazón y el alma mientras boquean mis labios buscando labios que besar. Mañana me habré ido y nadie sabrá que fue de mí, mañana me iré y no miraré atrás.