Posteado por: pablolopez | mayo 13, 2008

Extravagancias vitales

Cuando no te saludan te sientes nadie. No le importas a nadie o, al menos, eso piensas y quizás sea cierto. Todos somos prescindibles ¿cuanto tiempo me llorarían? ¿una semana? ¿un mes? ¿un año? al final ese dolor acabaría calmándose, me olvidarían o me recordarían como la gente recuerda los programas viejos de la tele. Me siento tan efímero…

Siento que, como Pessoa, encontraré a mi verdadera familia en aquella gente que me lee y se identifica conmigo. Cuando haya muerto estos ceros y unos seguirán, si nadie lo impide, por la red. Este es mi legado literario, mi vida y mi tumba de letras. Leerme es resucitarme de una muerte prevista desde que nací, quizás predestinada. Como la vida.

Pero yo no creo en la suerte, sino en la casualidad y la causalidad. Mis decisiones me han llevado de forma inconsciente a dar con unas personas u otras y esas personas han influido en mí de una u otra manera o no han influido en nada.

Este es mi poso, mi pisada, la huella que dejo en el mundo. Al menos hoy.

Viva para contarlo o no, ya da igual, ya todo da igual, absolutamente todo. No importa que la gente piense bien o mal de ti, aunque piensen bien de ti no van a amarte y aunque piensen mal de ti no van a matarte. La vida sigue su curso con una pasividad asombrosa, como si nada pasase, ni siquiera la vida.

Ya no hace falta buscar a quién adorar. Nos tenemos a nosotros mismos que buscamos como posesos creyentes para nuestra fe que nos den su vida y se sacrifiquen por nosotros. Tú lo mereces porque eres tú y no puedes sentir el esfuerzo de los demás, pero sí su resultado si te los entregan generosamente a ti ¿por qué no son generosos? ¿por qué no se entregan a mí? Entonces el viento se dio la vuelta y me respondió- porque tú no haces lo mismo con ellos.

Entonces tumbé mi altar y rasgué mis ropajes, arrojé mi corona y me fui por los caminos para ser alfombra donde todos pudieran pisar blando. Les ayudaba a todos cuantos pasaban a mi lado, era simpático con ellos, les hacía favores… Era generoso. Pero luego vi que algunos me pisaban con gusto y que encontraban en mi servidumbre una fuente de diversión ¿por qué se comportan así? ¿no soy acaso generoso con ellos? Entonces el viento se dio la vuelta y me dijo- Se alfombra donde los demás pisen blando, pero no felpudo donde restregarse los pies.

Avergonzado de mí, de la vida y del mundo, seguícaminando buscando respuestas llevado por el viento que me lleva y por el que me dejo llevar.


Responses

  1. hola Pablo. No se si alegrarme o reafirmarme en mis sensaciones, pero son tantas las ocasiones en las que pienso de igual manera.
    Quizás sea algo genético, mi abuelo también siempre se mostraba meditabundo, aunque el siempre tenia una sonrisa en la cara… algo que por desgracia no heredé de el, pues por lo demás dicen que son calcado.
    Estos días, tras la marcha de una buena amiga, estoy que no estoy… espero este pesar no me haga mas daño del necesario.

    Saludos desde mi diminuto paraíso.

  2. nada das;
    nada recibes
    como muerto.
    entoces
    ?para què
    respirar?
    saludos.

    ceciruizzz.wordpress.com

  3. ¿Miedo? Si, de no ser recordada tras mi muerte.


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