Posteado por: pablolopez | diciembre 12, 2008

Extravagancias de un renacimiento

Me vacío sin llenar nada. Todo lo que me pidieron jamás lo di, porque me pidieron algo que no tenía… Yo me entregué y morí. Cuando nací de nuevo, todo lo que entregué seguía muerto y mi altar caído dejó el cordero pudriéndose en tierra estéril sobre la que sirvió de abono y crecí yo.

Renací en mi muerte, en el deseo del suicidio, en el tedio de la incomprensión lloré para regarme y sangré…

Llore por todos sin desear mal a nadie, fui humillado por querer liberarme y cuando pude volar tenía las alas pegadas. Yo soy el águila que nunca aprendió a volar porque siempre vivió encerrada. Mi cuerpo herido y deformado, como mi alma, por tantas caídas tratando de surcar el cielo me atrapó, como la sombra de mi cárcel.

Y yo que creía que el cielo estaba pegado al suelo…! Me sentía aplastado y era verdad, pero no la realidad. Luego levante la cabeza y rompí un pedazo de cascarón de cielo y no vi nada salvo el mundo, un mundo sin edificios, ni piedras angulares, tan sólo naturaleza y muchos animales.

Salí al mundo con el alma mutilaad y con los ojos cegados de falsa libertad y mentira. Una vez fuera me di cuenta que estaba destinado a ser un extraño, exiliado de un mundo sin razón y llegado a un mundo donde no hacen falta razones. Yo las tenía y no sabía donde esconderlas hasta que finalmente me las metí en la cabeza y descubrí que, a pesar de todo, nada había cambiado y seguía siendo como aquel niño de once años.


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