Posteado por: pablolopez | marzo 5, 2009

Sants (ecos nº4)

– cuidas de todo el mundo, Pablo, pero ¿quién cuida de ti?

– Ya llegará quién me cuide- le dije a ella tras contarle mi triste historia. Cuando terminamos de hablar vi que había pasado dos horas hablando con ella en el despacho y los amigos con los que había quedado para comer en la facultad probablemente ya hubiesen terminado.

Me daba pena haberme marchado a estudiar a Madrid, pero esas visitas esporádicas a Sevilla me llenaban de alegría. Había llegado en tren a Santa Justa, tal como hiciese hacía poco más de un año a la estación de Sants en Barcelona mientras me decía- ¿qué coño estoy haciendo aquí?- pero lo hice y traté de dar lo mejor de mí mismo. Luego volví a casa y ya nada volvió a ser como antes. Y aún quedan muchas cosas por cambiar.

Al llegar a Sants no sé como le reconocí en la estación, pero nada más verle, a pesar de no haberle visto jamás en mi vida ni de haber recibido ningún tipo de descripción supe que era él. Se le veía en la cara. Tenía que ser él. Lo llevaba en el rostro. Nos saludamos y me llevo a su coche. Pasé en Barcelona dos meses, dos meses llenos de agobios y tensiones por diferentes motivos. Las cosas no iban bien. Nada iba bien, pero mejoraron las cosas menos importantes y eso, quizás, es lo peor que podría haberme ocurrido… o no, del sufrimiento se puede sacar provecho.

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