Posteado por: pablolopez | diciembre 8, 2009

La vida, el orgullo y la poesía

Llegaré a donde nadie llegó

sólo por orgullo escondido

que no contaré a los demás.

Me basta con saberlo yo mismo.

No tengo porque compartir mi dolor con nadie,

ni llorar con nadie,

ni desahogarme con nadie.

A partir de hoy tendré la cabeza bien alta,

miraré siempre adelante

con paso enérgico y decidido

¡en línea recta!

y no habrá obstáculo que merezca llamarse así

porque todo será superado

con la voluntad y el orgullo

hasta que caiga de nuevo y desfallezca

y mis tristezas vuelvan a verter lágrimas,

mis pensamientos vuelvan a ser pesadillas

y no encuentre el camino de vuelta que olvidé que busco

y la pérdida

y el amor

y lo que soy.

Yo quisiera, alma marchita, ser una máquina que no siente dolor,

poder llegar a más siempre que me lo proponga,

acercarme más y más a la perfección y, sin embargo,

aquí estoy

con mis heridas de siempre y mis proyectos inconclusos

mis incoherencias, las musarañas y las saudades

sólo olvidadas por una súbita ocupación de mi tiempo

y un falso consuelo que se disfraza de caricia.

¡Ya no más mentiras! Volvamos a la desdicha

¡volvamos a la ilusión!

apoyemos de nuevo los dedos en el teclado

y dejemos brotar las lágrimas en soledad

como hacen los poetas

o aquellos que dicen ser poetas

o querer serlo.

Yo seré uno de ellos

y mis palabras serán mi abrigo

de nuevo

y de viejo,

como me siento de hace tiempo

caminando hacia la muerte.


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