Posteado por: pablolopez | noviembre 15, 2010

Extravagancias de los precipicios

Yo no quiero morir solo.

Mentira.

En realidad,

yo no quiero vivir solo.

La muerte no me importa

y si es en soledad

será la muerte lo que espere,

como única e inevitable compañía.

La soledad como ausencia me incomoda,

la soledad como vacío me entristece,

la soledad como diferencia me amarga,

yo no sé bien si

estoy solo porque nadie se acerca a mí

o porque yo no me acerco a nadie

– o porque no sé acercarme a nadie –

caminos errados ¿saben adonde llevan?

andantes errantes ¿saben adonde van?

Miraré mapas sin luces,

marcaré mi paso con una navaja,

me liberaré

a cuchilladas con el tiempo,

desvaneciéndome en la arena del reloj

en una guerra contra mí mismo,

en una guerra en mi contra de la que no puedo escapar.

Solo la soledad parece una escapatoria,

a la vergüenza que me produce estar en presencia ajena,

mi propia voz me irrita,

solo soporto mis pensamientos,

pero mis pensamientos no se soportan.

Trato de asirme a alguna verdad que merezca la pena,

pero tuve que conformarme con medias verdades

clavadas en la escalada de la vida.

No puedo ir más lejos,

pero puedo cerrar los ojos y dejarme caer

y desear que la suerte me lleve.

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