Cuando no te saludan te sientes nadie. No le importas a nadie o, al menos, eso piensas y quizás sea cierto. Todos somos prescindibles ¿cuanto tiempo me llorarían? ¿una semana? ¿un mes? ¿un año? al final ese dolor acabaría calmándose, me olvidarían o me recordarían como la gente recuerda los programas viejos de la tele. Me siento tan efímero…
Siento que, como Pessoa, encontraré a mi verdadera familia en aquella gente que me lee y se identifica conmigo. Cuando haya muerto estos ceros y unos seguirán, si nadie lo impide, por la red. Este es mi legado literario, mi vida y mi tumba de letras. Leerme es resucitarme de una muerte prevista desde que nací, quizás predestinada. Como la vida.
Pero yo no creo en la suerte, sino en la casualidad y la causalidad. Mis decisiones me han llevado de forma inconsciente a dar con unas personas u otras y esas personas han influido en mí de una u otra manera o no han influido en nada.
Este es mi poso, mi pisada, la huella que dejo en el mundo. Al menos hoy.
Viva para contarlo o no, ya da igual, ya todo da igual, absolutamente todo. No importa que la gente piense bien o mal de ti, aunque piensen bien de ti no van a amarte y aunque piensen mal de ti no van a matarte. La vida sigue su curso con una pasividad asombrosa, como si nada pasase, ni siquiera la vida.
Ya no hace falta buscar a quién adorar. Nos tenemos a nosotros mismos que buscamos como posesos creyentes para nuestra fe que nos den su vida y se sacrifiquen por nosotros. Tú lo mereces porque eres tú y no puedes sentir el esfuerzo de los demás, pero sí su resultado si te los entregan generosamente a ti ¿por qué no son generosos? ¿por qué no se entregan a mí? Entonces el viento se dio la vuelta y me respondió- porque tú no haces lo mismo con ellos.
Entonces tumbé mi altar y rasgué mis ropajes, arrojé mi corona y me fui por los caminos para ser alfombra donde todos pudieran pisar blando. Les ayudaba a todos cuantos pasaban a mi lado, era simpático con ellos, les hacía favores… Era generoso. Pero luego vi que algunos me pisaban con gusto y que encontraban en mi servidumbre una fuente de diversión ¿por qué se comportan así? ¿no soy acaso generoso con ellos? Entonces el viento se dio la vuelta y me dijo- Se alfombra donde los demás pisen blando, pero no felpudo donde restregarse los pies.
Avergonzado de mí, de la vida y del mundo, seguícaminando buscando respuestas llevado por el viento que me lleva y por el que me dejo llevar.

