Nos daremos cuenta, como todos,
antes de morirnos de
todas aquellas tonterías
que nunca quisimos reconocer
y nos mostraban como somos
y no queremos que se vea.
Hoy llevo en mis manos
una oración rota
y miles de años de tradición en ella.
La Shemá y una tabla periódica,
o lo que nadie quería en su mesa de noche,
las gafas
-debería quitármelas-
y la voluntad de seguir caminando hacia adelante…
según mi mapa.
Todas las súplicas llegaron a mi corazón,
todas las oraciones y jaculatorias me las guardé
y ahora me dan fuerza por la rabia
de ver como, en realidad, estaba caminando solo.
- Vas a subir una montaña ¿y además lo harás con un piano a la espalda? – dijiste
- sí – te respondí con orgullo. No me importan los imposibles,
la realidad, dicen, supera a la ficción.
Lo llevo escrito en las manos
y en el dintel de las puertas que beso al pasar.
Voy a subir la montaña y tocaré el piano en la cima,
y tocaré en honor a mi carga, mi orgullo y mi tumba
y luego moriré, como todos,
pero en lo alto de una montaña
y con un piano por ataud.